Cuaderno de campo
Materia orgánica y microbiología: qué medir y cuándo
Analíticas que aportan información útil frente a las que solo llenan el informe
Publicado el 14 de marzo
Por el equipo técnico de Drive Your Face Off
Cuando un agricultor de la zona pide "un análisis completo de suelo", muchas veces recibe un dossier de veinte páginas donde la mitad de los parámetros no cambian ninguna decisión. En materia orgánica y microbiología esto pasa más que en ningún otro bloque: hay determinaciones que describen actividad potencial, otras que cuantifican grupos funcionales concretos y otras que solo confirman presencia. Saber cuál es cuál evita gastar dinero en informes que se archivan sin usarse.
Lo primero es separar las dos familias. La materia orgánica total (MOT) da una cifra de contexto: sirve para comparar parcelas entre sí y para ver tendencias a lo largo de varios años, pero reacciona muy despacio. La materia orgánica oxidable (MOO) y el carbono orgánico soluble se mueven antes y reflejan mejor la fracción que la microbiología puede aprovechar en una campaña concreta. Si solo se mide MOT, se pierde la parte dinámica; si solo se mide MOO, se pierde la referencia estable.
En el lado microbiológico conviene distinguir tres niveles. El carbono de biomasa microbiana y la respiración basal indican actividad global: son útiles como termómetro, no como diagnóstico. Los grupos funcionales (fijadores de nitrógeno, solubilizadores de fósforo, hongos micorrícicos) sí orientan la elección de un bioinsumo concreto. Y los recuentos de presencia, sin más, apenas aportan: saber que hay Bacillus en el suelo no dice si están activos ni si van a colonizar la raíz.
La frecuencia también importa. En suelos calizos de secano, con materia orgánica por debajo del 1,5 %, tiene poco sentido repetir un análisis microbiológico completo cada campaña. Un muestreo inicial bien hecho, otro a los dos o tres años y un seguimiento ligero de humedad y temperatura en las zonas tratadas suele dar más información que una batería anual de parámetros. Antes de aplicar enmiendas biológicas conviene fijar el protocolo: misma profundidad, misma época, mismas submuestras por zona del mapa de conductividad.
El error más habitual es comparar resultados entre laboratorios distintos. Cada uno usa su método de extracción, su medio de cultivo y su forma de expresar los resultados, así que dos cifras de "biomasa microbiana" pueden no ser comparables aunque se llamen igual. Si se va a hacer seguimiento plurianual, lo sensato es quedarse con un laboratorio y un método, y anotarlo en el histórico de la parcela junto a la fecha y las condiciones del muestreo.